jueves, 18 de octubre de 2012

Unión bancaria o la doble vara de medir alemana


Alemania y algunos países nórdicos juegan el papel de juez y parte en un escenario en el que en lugar de predicar con el ejemplo, sacan provecho de su posición de dominio en muchas instituciones del entramado político-institucional europeo, aplicando criterios divergentes en casos similares, según quien sea el evaluado.

En un reciente artículo titulado Only big debt restructuring can save euro, Willem Buiter decía:

"Germany and its allies want the supervisory role of the ECB restricted to a small number of large, mainly cross-border banks. Systemic problems can be created by clusters of domestic banks, as demonstrated by the Landesbanken and cajas. In addition, Germany and the other supporters of a minimalist supervisory role for the ECB want to delay the start of that role and thus also the start of direct bank recapitalisation by the ESM. Finally, the German, Dutch and Finnish finance ministers argue that there should be no mutualisation by the ESM of sovereign debt incurred in past bank recapitalisations, including Spain’s. In the case of Ireland, which incurred about €63bn of sovereign debt recapitalising its banks, this significantly increases risks of an Irish sovereign default."


En vista de lo expuesto, cabe señalar que si Alemania y sus aliados quieren restringir el papel de supervisor del BCE a un reducido número de entidades financieras supranacionales, es porque desean "preservar" al margen del "ojo crítico" del supervisor centralizado sus entidades financieras de ámbito doméstico. Es posible que tras la justificación esgrimida se hallen razones técnicas o de otra índole, sin embargo el hecho de "sacar" del sistema europeo la banca de dimensión nacional alemana, no inspira precisamente demasiada confianza.

A mi juicio, el tema resulta más grave aún, en la medida en que este tipo de actitudes poco contribuyen al fomento de la tan traída "transparencia", necesaria para recuperar la confianza de los inversores y clientes.

Un tercer elemento en esta misma línea de desconfianza, apunta a que es precisamente Alemania quien desarrolla una postura más proactiva y exigente, en cuanto a los condiciones a cumplir por "los demás" a cambio de activar los mecanismos de ayuda europeos y que se traducen en la cada vez más cuestionada política de austeridad, mientras que ella misma se mantiene al margen de tales exigencias. Es decir que Alemania aplica una doble vara de medir según se trate de evaluar a terceros o a sí misma. Ello evidencia una clara contradicción.

En cuarto lugar, W. Buiter advierte del posible riesgo sistémico asociado a discriminar entre banca "nacional" o de "ámbito supranacional", lo cual contribuye también al detrimento de la confianza del sistema.

Finalmente, la postura alemana de retrasar la puesta en marcha de la supervisión centralizada, implica condenar a que el crédito no fluya en aquellos entornos donde más se necesita para la reactivación y retrasar la recapitalización directa de la banca. Sólo se entiende esta postura Alemana desde la anteposición de la perspectiva interna (defensa del control nacional de su banca interna y exclusión del escrutinio independiente) sobre los intereses colectivos de la UE. Aún siendo grave esta circunstancia, podría verse atenuada en caso de la propia Alemania se hallara al margen de las consecuencias negativas que ya están padeciendo los países periféricos. Sin emabrgo, ello no es así, máxime ante la enorme interdependencia de todas las economías en general, exacerbada para el caso de la UE.

Quizás, cuando Alemania y el resto de países nórdicos que mantienen posturas insolidarias respecto a cuestiones como la retroactividad de las ayudas a los países en dificultades, interioricen el hecho de que no cabe distinguir entre "ellos" y "nosotros" entre "buenos, ahorradores y serios" de los "malos, gastadores e irresponsables", y que su destino y nivel de progreso y bienestar están íntimamente unido al del resto de estados de la UE, cambien las tornas. ¡Esa es nuestra esperanza!

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